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Breve historia de Cojutepeque
Orígenes y Etimología
Esta población,
cabecera departamental del departamento de Cuzcatlan, fue fundada por indios
yaquis o pipiles en tiempos inmemorables, pues como tal ya existía en los duros
momentos de la conquista Española.
Su nombre autóctono
significa literalmente “cerro de las pavas”, que aun conserva, en su versión
al castellano, la eminencia volcánica a cuyas faldas se fundo esta población.
El nombre Cojutepeque viene de dos voces o raíces del idioma nahuat, a saber:
coju, pava; tepec, cerro, montaña, localidad. El significado del nombre que se
expone en este articulo esta apoyada en una cita tomada de un informe
gubernamental de Suchitoto, 15 de enero de 1860, que dice: “Relativamente “a
Cojutepeque” es de nombre indígena y quiere decir, cerro de pavas, según la
opinión de los habitantes de aquella ciudad”.
Historia Colonial
Cuando hacia
mediados del siglo XVI (1550) las autoridades de la Real Audiencia de los
Confines procedieron a empadronar los pueblos de indios o de encomiendas,
encontraron que en Cojutepeque habitaban alrededor de 2,200 personas.
Este pueblo,
como otros comarcanos, fue encomendado para su evangelización a los monjes del
convento de Santo Domingo de San Salvador, quienes edificaron las iglesias de
San Juan Bautista, en 1612 y San Sebastián, en 1692. Concluida la obra
catequizadora, Cojutepeque fue cabecera de un extenso curato o parroquia,
sirviendo el primero de los templos aludidos como iglesia parroquial.
El 3 de marzo
de 1705 se extendió a este pueblo de indios el titulo de sus ejidos, tierras
del común que abarcaban una extensión de 20 caballerías.
En la época
de la visita pastoral de monseñor Pedro Cortes y Larraz, año de 1770,
Cojutepeque era cabecera del curato de su mismo nombre, que comprendía como
anejos a los pueblos de Ilobasco, San Pedro Perulapan, San Bartolomé Perulapia
y San Martín.
En aquel año,
se calcula que Cojutepeque tenia una población de 2,519 personas distribuidos
en 1,152 familias, de las cuales 1,188 eran indios y 631 ladinos.
A fines del
siglo XVIII el extenso curato de Cojutepeque se dividió en las parroquias de
Cojutepeque, Ilobasco y San Pedro Perulapan.
En 1807, según
el corregidor intendente don Antonio Gutiérrez y Ulloa, Cojutepeque comprendía
los curatos arriba mencionados, con un total do 6 pueblos de indios, 1 de
ladinos, 3 valles, 3 aldeas, 14 haciendas con 4 rancherías, en donde habitaban 14,355 personas. étnicamente
repartidas así: 108 españoles, 11,150 indios y 3.057 ladinos.
Proceso
de la Independencia
Los indígenas
de Cojutepeque secundaron con heroísmo el primer Grito de Independencia de
Centro América.
Al grito de
“mueran los chapetones” asaltaron la población, en el asalto murieron
varios españoles peninsulares, quemaron en la plaza publica el tabaco
almacenado en la Tercena y destruyeron un molino de caña de azúcar que había
en las márgenes del rió Cujuapa.
El 30 de
noviembre de 1811, fuerzas capitalinas al mando de Modesto Chico recuperaron la
plaza y persiguieron a los rebeldes. Los vecinos de Cojutepeque secundaron el
segundo movimiento autonomista de San Salvador, iniciado el 24 de enero de 1814.
Don José
Maria Peinado, corregidor intendente de San Salvador, comunico a don José de
Bustamante y Guerra, capitán general del Reino de Guatemala, con fecha 24 de
febrero del mismo año, que en Cojutepeque, por la inquietud reinante, se advertía
una disposición en los ánimos y un continuo deseo de insurrección, que solo
se podían explicar por los nexos y parentescos que en dicha población tenia el
prócer don Juan Manuel Rodriguez y por la influencia del prócer Pedro Pablo
Castillo, que había sido alcalde pedáneo en la misma.
Titulo de Ciudad
La villa de
Cojutepeque obtuvo el titulo de ciudad
leal, por Decreto Ejecutivo expedido el 20 de noviembre de 1846 por el
Presidente del Estado licenciado don Eugenio Aguilar y refrendado por el
Ministro de Relaciones y Gobernación licenciado don Francisco Dueñas.
Respecto a
este suceso, en un informe municipal de Cojutepeque, de 24 de diciembre de 1859,
se dice que:
“El titulo de Ciudad leal le fue otorgado el 10 de Noviembre de 1846
por el Supremo Gobierno del Estado, siendo Presidente el Licenciado Sr.
Don Eugenio Aguilar y Ministro el finado don José
Maria
San Martín,
en justa
recompensa de la lealtad con que sirvieron al Gobierno aquellos vecinos para
derrocar la administración de Malespín (General Francisco Malespin)”.
Cojutepeque capital interina del Estado
El 17 de abril
de 1854 un macro sismo destruyo completamente a la ciudad de San Salvador,
capital del Estado, y esto obligo al Presidente don José Maria San Martín a
expedir, el día siguiente, en el pueblo
de Soyapango, el celebre decreto en virtud del cual se traslado interinamente a
la ciudad de Cojutepeque la sede del Gobierno.
Cojutepeque
fue la capital interina de El Salvador hasta el 28 de junio de 1858 fecha en que
el Senador don Gerardo Barrios, a la sazón Encargado del Supremo Poder
Ejecutivo, emitió en esta ciudad un Decreto ordenando la traslación de las
autoridades a la antigua ciudad de San Salvador, lo que se efectuó el día
siguiente.
Durante el
lapso de mas de cuatro años que Cojutepeque fue la capital de El Salvador,
ocuparon la primera magistratura del Estado los señores don José Maria San
Martín, Lic. Francisco Dueñas, patricio Rafael Campos, don Lorenzo Zepeda, don
Miguel Santin del Castillo y general don Gerardo Barrios.
En los años
de 1856 y 1857 Cojutepeque tuvo mucha actividad, debido a que de esta población
partieron para Nicaragua los numerosos batallones del ejército salvadoreño que
fueron a combatir al filibustero William Walker.
Cojutepeque
en 1859
La permanencia
de las autoridades del Estado, en el periodo de 1854 a 1858, influyo
notablemente en los progresos de la Ciudad Leal de Cojutepeque, pues según un
informe municipal, de fecha 24 de diciembre de 1859, esta población contaba
con 1,840 habitantes, que habitaban 150 casas de teja, 63 ranchos con techo
del mismo material y 720 casas pajizas.
“La
clase ladina —dice el informante—, por lo que hace a los hombres, viste con
alguna decencia pues usa frac, levita, paleto o saco. La mayor parte de las
mujeres de esta clase viste túnica. Entre los indígenas, los hombres visten
pantalón y camisa, y uno que otro de ellos, chaqueta. Las mujeres, enaguas. Sus
costumbres (las de los indios) son las de hacer velaciones ruidosas a los santos
de las muchas cofradías que sostienen a aquella Parroquia. Los indígenas
estiman en mucho portar las insignias de la Pasión en los días de la Semana
Santa, al extremo de pagar cierta contribución por llevar tal o cual insignia.
El miércoles de Ceniza por la noche enclavan la efigie de Jesucristo como
sucede en los demás puntos (demás poblaciones) el viernes Santo y permanece la
escena de este día por toda la Cuaresma. Son muy inclinados a la música, y las
familias del Centro lo son además al baile y al canto. También se advierte que
tienen inclinación a la carrera de las armas, principalmente los indígenas”,
como lo comprobaron, agregamos, en la campaña nacional contra Walker, en que
hicieron famoso el grito de: Adentro
Cojutepeque!”
Además
de sus viejas y venerables iglesias, la de San Juan Bautista y la de San Sebastián,
Cojutepeque contaba como edificios públicos un hermoso Cabildo, con sus
correspondientes oficinas y regulares carceles, y una Escuela de instrucción
primaria a la que concurrían regularmente 70 niños.
Cabecera
departamental
En suceso
llevado a cabo el 12 de noviembre de 1861, fecha en que el Supremo Gobierno que
presidía el capitán general don Gerardo Barrios, expidió el “Reglamento de
Gobernadores, Jefes de Partido, Concejos Municipales, Alcaldes y Jueces de
Paz”, en cuyo articulo 1ero se establece que el departamento de Cuzcatlán está
constituido por los distritos de Cojutepeque, Suchitoto e Ilobasco, y que es
cabecera y residencia de su Gobernación, la ciudad de Cojutepeque.
Sucesos posteriores
En 1890
Cojutepeque tenia una población de 7,950 almas, distribuidas en seis barrios:
los de Concepción, Santa Lucia, San Juan, San José, San Nicolás y El Calvario.
“Sus principales edificios públicos —apunta don Guillermo Dawson- son sus
cuatro iglesias, su elegante cabildo, la casa de escuela y el hospital”.
El reloj de Abderraman III
En el
cimborrio de la iglesia de San Sebastián, de la ciudad de Cojutepeque, marcó
el paso del tiempo el célebre “Reloj de Abderramán III”, de 1839 a 1877.
Finalmente, a raíz de la ruina de octubre do 1839 las autoridades salvadoreñas,
bajo la jefatura del general Francisco Morazán, se mudaron a la entonces
villa de Cojutepeque, instalándose en el cimborrio de la iglesia de San Sebastián
el histórico “Reloj de Abderraman III”.
“Fue
colocado en una de las torres de la iglesia de San Sebastián —apunta el
doctor Barberena—, y estuvo en servicio hasta 1877”.
Cojutepeque fue declarada ciudad por decreto ejecutivo el 20 de
noviembre de 1846. Fue posterioremente que fue declarada cabecera
del departamento de Cuscatlan.
La historia de la ciudad de Cojutepeque se conoce desde 1612, cuando
junto con otros pueblos fue encomendado para su evangelización a los
monjes del convento de Santo Domingo de San Salvador, quienes
edificaron las iglesias de San Juan Bautista, en 1612 (ubicada en el
barrio de San Juan) y San Sebastián, en 1692 (ubicada en el centro
de la ciudad).
Cuando los monjes llegaron a Cojutepeque encontraron unas 2,200
personas descendientes de los indios yaquis o pipiles a los que
dieron el título de sus ejidos, con tierras en común que abarcaban
una extensión de 20 caballerías en donde predominaba el cultivo de
la caña, del maíz y del algodón; así como la crianza de gallinas y
cerdos.
En 1770 se conocia que la población ascendía a 2,519 personas
distribuidas en 1,152 familias, de las cuales 1,888 eran indios y
631 ladinos.
En 1839 El Salvador sufrio un terremoto que convirtio en escombros
la ciudad capital de San Salvador y, esto obligó al general
Francisco Morazán, Jefe Supremo del Estado, a trasladar la sede del
Gobierno a la, entonces, villa de Cojutepeque. Con ese suceso, como
inicio, fue durante 4 años la capital de El Salvador.
Cojutepeque cuenta con grandes personajes en su historia y entre sus
hijos cuenta con hombres prominentes, tales como: el inspirado poeta
Francisco Díaz; el general José María Rivas, militar digno y
valiente creador del grito ¡Adentro Cojutepeque! -y quien dirigió la
exitosa campaña nacional contra Walker-; Rafael Cabrera y Ana
Dolores Arias (ésta escribía con el pseudónimo de "Esmeralda"),
llamados los "Poetas Novios de Cuscatlán", autor el primero del
bellísimo poema titulado "La Ceiba de Mi Pueblo", y la segunda de la
sentida composición, elegíaca, titulada "Tristezas"; Dr. J.
Maximiliano Olano, médico eminente y hombre público de acrisolada
conducta, etc.
Ahora, después de nuevas y amplias valoraciones de los logros de las
personas, podemos encontrar muchísimo más hombres y mujeres
prominentes. Con la diferencia de que hoy no se cuentan por sus
valoradas hazañas a la usanza antigua... más bien se cuentan por sus
valores humanos. Por su amor al prójimo, al deporte, a la industria,
al desarrollo y a toda expresión artística.
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